lunes, 28 de diciembre de 2009

10 años después



Ya habían pasado 10 años desde que Gloria se había despedido de sus amigos en el monasterio.
Aun mantenían el contacto: Quique y Sibila se habían mudado a una casa en Barcelona, Andrés y Tina seguían juntos, vivían en Madrid cerca de la casa del padre de Gloria. Tenían una hija de apenas doce meses, llamada Regida.
Gloria, después de diez años, se veía pisando el suelo, lleno de piedras de aquel monasterio.
Mientras ella estaba en su mundo, noto como una mano se le acercaba por detrás.

- Andrés, me has asustado – se quejo Gloria.
- Perdona eh, era una broma mujer... – se disculpo.

Andrés y Gloria se abrazaron, después le toco el turno a Tina , a Sibila y a Quique.

- Estas guapísima Gloria – le dijo Tina, emocionada.

Y era cierto, Gloria tenia un color de piel mucho mas moreno.

- Oye Gloria... tu y... Sergio... ¿que?
- Mira Andrés, me juró su amor eterno, me dijo que me quería, y ya ves las palabras se las lleva el viento – dijo Gloria.
- Veras... le hemos invitado...

En ese momento, llegó un coche en el monasterio, del coche se bajó Sergio. No miró a Gloria pero se saludó con todos los demás.
La cena en el monasterio se basó en risas y miradas como en los viejos tiempos.
Después de cenar Quique y Sibila se fueron a la cama y Andrés y Tina fueron a dar una vuelta dejando solos a Gloria y Sergio.
Sergio se acercó a Gloria y dijo:

- Oye Gloria ¿ Te apetece ir a dar una vuelta?
- No – contestó ella muy secamente.
- ¿ Por qué?
- Mira Sergio, no sé que quieres de mi, pero me dejaste claro que jugaste conmigo, que no crees en el amor, no entiendes nada...
- Gloria... no digas eso...
- ¿¡ Ah no !? Es verdad, te voy a decir que te quiero, que cuándo me dejaste me mataste por dentro, me clavaste a la mismísima Cordeluna en el alma. No quiero nada de ti.
- Gloria... me mataba la distancia, el no verte más.
- Claro, y dejándome me ves siempre.
- Gloria, escúchame. Preferiría morir mañana a vivir cien años sin haberte conocido.

Gloria se echó a llorar y Sergio la abrazó.

- Recuerda... te hice una promesa y pienso pasarme lo que me queda de vida a tu lado.
- Ven y abrazame otra vez, me cuesta ser feliz sin ti.
- No te voy a dejar Guiomar.

- Ni yo a ti, mi amor.


martes, 15 de diciembre de 2009

YO AUTORA


Me llamo Elia Barceló. Nací en Alicante el 29 de enero de 1957. Estoy casada y tengo dos hijos. Ahora estoy viviendo en Australia donde doy clases de literatura española y composición en la universidad.
Estudié Filología Anglogermánica en la ciudad de Valencia en 1979 y Filología Hispánica en las universidades de Alicante e Innsbruck, Austria, obteniendo el doctorado en esta última en 1995.
Desde 1981 resido en Australia, donde soy profesora de literatura hispánica.
Se me considera una de las escritoras más importantes, en la lengua castellana del género ciencia - ficción.
Desde 1997 escribo libros juveniles.
Mis obras más importantes son:

  • Sagrada 1989

  • Consecuencias naturales 1994

  • La mano de Fatma, 2001

  • Cordeluna, 2007

Mi querido diario...

Fue verla y enamorarme, nunca me había pasado, sabia que no era una chica cualquiera.
Ésta mañana, a la hora del desayuno nos hemos mirado. Lo sé, parecerá una tontería pero todo lo que siento es mágico.
Mi querido diario, quiero llenarte con todas las palabras de amor, sueños y deseos que se me ocurran.
Cuando, por la tarda, le he dicho a Gloria que quería dar un paseo con ella me he puesto tan nervioso...
¡ No te lo pierdas ! Me ha dicho que sí...
A las seis de la tarde nos encontrábamos los dos paseando al lado del rió que teníamos muy cerca del convento.
Es que tenía una cara de imbécil y encima ella es tan guapa y hacia tanto calor que... he tenido que tirarme al río. Ella me ha seguido y hemos empezado a jugar hasta que ya no podía aguantar más y la he besado.
Es que no sé si tengo ganas de hacerme ilusiones, sólo ha sido un beso, un beso tonto...
Reconozco que me ha encantado el beso, ella y el momento.

Poema de Sancho...


Quererte


Cuento los días que pasan
los segundos son eternos pero aguantaré
Besarla a media luz
Porque ella es la chica más perfecta.


Sé, sé que al despertar me perderé en el dolor
Sé, que fue injusto verme partir, amor.
Pero te pienso y mi corazón ama lo que ve.


Tu y yo, aquí y ahora
solo tú y yo
y te miro a los ojos
y mi corazón ama lo que ve.


Te quiero, más de lo que piensas
Noto, noto tus caricias aunque estemos lejos.
Ojalá pudiera pedir tu sonrisa a la luna.


Decirte que solo quiero estar junto a ti
y sabes que me muero de ganas de verte
Besar cada parte de tu cuerpo
Oler cada parte de tu piel.

El comienzo de la imaginación


El joven jinete detuvo al galope de su caballo y, ya al paso, lo llevó por el sendero empinado hasta la cumbre del cerro. Paseó por la orilla de una gran playa que conocía desde que era pequeño.
El joven jinete se llamaba Paolo. Paolo tenía 18 años, era guapo, moreno, alto y con el pelo largo.
Paolo bajó del caballo y empezó a andar por la orilla dejando que sus pies se mojaran con el agua del mar.
Una agua salada cómo una pequeña lágrima que Paolo soltó por uno de sus enamorados ojos marrones.
Enamorados de la única mujer que realmente lo había hecho reír: Anastasia.
Anastasia era la princesa de aquella playa, la princesa de aquél mar. Una muchacha alegre con un pelo largo y negro.
Paolo recuerda los maravillosos días que habían pasado juntos.
Cada tarde, Anastasia, le contaba a Paolo que algún día él sería el rey de toda la playa y que ella seria su princesa.

- Tú siempre serás mi princesa, la única a la que yo amaré para siempre- le dijo Paolo mirándola a los ojos.

- Para siempre es mucho tiempo - Parecía que Anastasia no estaba muy contenta.

- Precisamente por eso, empecemos a disfrutar ya. - los dos sonrieron.

Se besaron. Se abrazaron, se prometieron el más sincero de los amores y Paolo le regaló un collar en forma de corazón y de luna:

- Se llama Cordeluna - le dijo Paolo mientras le ponía el collar a su amada.

- Es precioso- Anastasia no podía quitar los ojos de ése collar.

Pero eran tiempos dificiles de guerra y hambre. Anastasia y Paolo se tuvieron que separar para siempre.
Paolo se detuvo en medio de la playa y se agachó para recoger algo que brillaba en medio de la arena: el collar. Lo cogió, se lo acercó al pecho y escuchó latir el corazón de Anastasia.