martes, 15 de diciembre de 2009

El comienzo de la imaginación


El joven jinete detuvo al galope de su caballo y, ya al paso, lo llevó por el sendero empinado hasta la cumbre del cerro. Paseó por la orilla de una gran playa que conocía desde que era pequeño.
El joven jinete se llamaba Paolo. Paolo tenía 18 años, era guapo, moreno, alto y con el pelo largo.
Paolo bajó del caballo y empezó a andar por la orilla dejando que sus pies se mojaran con el agua del mar.
Una agua salada cómo una pequeña lágrima que Paolo soltó por uno de sus enamorados ojos marrones.
Enamorados de la única mujer que realmente lo había hecho reír: Anastasia.
Anastasia era la princesa de aquella playa, la princesa de aquél mar. Una muchacha alegre con un pelo largo y negro.
Paolo recuerda los maravillosos días que habían pasado juntos.
Cada tarde, Anastasia, le contaba a Paolo que algún día él sería el rey de toda la playa y que ella seria su princesa.

- Tú siempre serás mi princesa, la única a la que yo amaré para siempre- le dijo Paolo mirándola a los ojos.

- Para siempre es mucho tiempo - Parecía que Anastasia no estaba muy contenta.

- Precisamente por eso, empecemos a disfrutar ya. - los dos sonrieron.

Se besaron. Se abrazaron, se prometieron el más sincero de los amores y Paolo le regaló un collar en forma de corazón y de luna:

- Se llama Cordeluna - le dijo Paolo mientras le ponía el collar a su amada.

- Es precioso- Anastasia no podía quitar los ojos de ése collar.

Pero eran tiempos dificiles de guerra y hambre. Anastasia y Paolo se tuvieron que separar para siempre.
Paolo se detuvo en medio de la playa y se agachó para recoger algo que brillaba en medio de la arena: el collar. Lo cogió, se lo acercó al pecho y escuchó latir el corazón de Anastasia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario